El mediodía se ha abierto en San Cecilio con ese silencio solemne que sólo conocen los días grandes de la hermandad. Era jornada de Función Principal de Instituto, el segundo acto más importante en la vida corporativa de la Hermandad de los Favores.
En el altar mayor del templo, la Priostia había montado un retablo efímero en cuyo dosel se disponía una randa propiedad de la Hermandad de las Angustias, que le donó el Ayuntamiento de la ciudad en 1887 a la patrona. Y en él presidiendo nuestros Sagrados Titulares, ante los que un número importante de hermanos han ocupado los bancos del templo para participar en una celebración que une tradición, compromiso y devoción. Durante la Eucaristía, llegó uno de los momentos más significativos de la jornada: la protestación pública de fe.
Ha celebrado la Eucaristía el párroco y consiliario de la hermandad, don Juan Manuel Molina, quien tuvo a su cargo la predicación. La liturgia estuvo realzada por la participación musical del coro Magnum Ensemble.
La Hermandad ha vuelto a encontrarse con su esencia más profunda: ser comunidad de fe al amparo del Cristo de los Favores. Una mañana de Iglesia, de hermandad y de compromiso renovado, en la que cada hermano volvió a recordar que pertenecer a esta corporación es, ante todo, una manera de caminar junto a Cristo.

















