En el recogimiento solemne de la Capilla del Cristo, en San Cecilio, se alza este altar de insignias como un testimonio vivo de fe, historia y devoción.
En este altar se cuentan años sin palabras. Aquí se alinean generaciones de esfuerzos e ilusiones.
Aquí descansa, antes de echar a andar, la identidad de una Hermandad que cree.
En este altar no hay artificio, sino hondura.
Este altar no es un final.
Es un comienzo…