La parroquia ha quedado más silenciosa, la capilla más vacía y nuestras miradas buscan el lugar que siempre ocupasteis entre nosotros.
Pero junto a la nostalgia permanece la alegría de saber que lleváis con vosotros la fe, la devoción y el corazón de todo un barrio.
Mientras tanto, vuestra casa os espera.
Y el Realejo, que tanto os quiere, ya cuenta los días para vuestro regreso.
Fotografías de N.H. Lolo Peña


















